sábado, 7 de junio de 2008

Prisioneros de la Vía Láctea

Algún día, en el futuro, una nave espacial de la Tierra surcará el espacio a gran velocidad. Desplazándose entre las estrellas, será la sonda espacial más rápida que se haya construido jamás. Motores nunca antes vistos la impulsarán a una velocidad cercana a la de la luz para cumplir su misión de salir de la galaxia y explorar el espacio abierto. Atrás dejará el Sol y sus planetas, un puntito perdido entre 100,000 millones de estrellas.

Este enorme conglomerado estelar en forma de espiral es lo que constituye una “galaxia”.

La galaxia donde vivimos se llama “Vía Láctea”. Los griegos le pusieron así porque en las noches, cuando miraban al cielo, veían una mancha blanquecina y lechosa que parecía una nube y como no se explicaban qué era, crearon la leyenda de que la diosa Hera había derramado su leche materna al amamantar a Heracles.

La Vía Láctea es un disco que tiene 100,000 años luz de diámetro y un grosor de 12,000 años-luz. Del disco se desprenden 5 brazos denominados así: Perseo, Sagitario, Escudo, Norma y Orión. El sol se encuentra en este último, localizado a 28,000 años-luz del centro.

Para dimensionar mejor la magnitud de estas distancias, tome usted en cuenta que un año-luz es igual a 9,460 billones de kilómetros. Es el metro de los astrónomos.

Regresando a la misión, cuando ésta alcance su meta, mandará la señal de éxito, pero llegará muy tarde porque la generación que la envió ya no existirá.

El reloj de la nave indicará que han pasado 22,000 años. Pero en la Tierra no quedará nadie que recuerde cuándo salió. Es más, quizá no quedará nadie.

Esto parece indicar que los humanos no podremos salir de la galaxia. Si intentáramos ahorrar tiempo saliendo perpendicularmente al plano del disco, el viaje se reduciría a 6,000 años, pero eso tampoco sería una solución.

Tendríamos que construir naves gigantescas que nos permitieran viajar y vivir allí por siglos, unos planetas artificiales, donde una generación pasaría a otra y a otra el objetivo del viaje.

¡Que ironía! teniendo toda la libertad del mundo no podríamos salir de nuestra galaxia porque las distancias son tan grandes que primero se nos terminaría la vida antes de que se termine el camino.

Estamos atrapados en la Vía Láctea, nadie puede salir vivo de aquí, ni siquiera a la velocidad de la luz. Para hacerlo, tendríamos que viajar a velocidades superluminales (mayores que la velocidad de la luz), pero Einstein dice que eso es imposible, las leyes de la física no lo permiten. Otra alternativa sería que descubriéramos la forma de no envejecer, que viviéramos 100,000 años sin cambiar y así el viaje sería factible, pues el tiempo ya no sería problema.
También podría ser que los físicos encontraran la manera de viajar a través de “agujeros de gusano” y aparecer en segundos en otra galaxia.

Sea como sea, el día que lo logremos nos daremos cuenta de que apenas hemos dejado la cuna, teniendo ante nosotros lo verdaderamente lejano.

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