martes, 9 de junio de 2009

EL TRANSBORDADOR ESPACIAL

El transbordador espacial pasó sobre Guatemala el sábado (14/06) a las 9 de la mañana. El grupo de chapines que seguimos la pista del mismo en cada descenso no logró verlo, pero algunos sí escucharon la explosión que produce al romper la barrera del sonido.

Pocas personas saben que varias rutas que usa el transbordador para aterrizar en Florida, pasan sobre Guatemala, por eso cada vez que lanzan uno, comienza la emoción en este pequeño grupo. Pero no crean que es un grupo de científicos serios y enojados. Es un grupo alegre de personas que les fascina lo espacial.

Hemos tenido experiencias buenas y malas. Una ocurrió el 22 de diciembre de 2006, cuando los expertos de la NASA vinieron al país para filmar la misión Discovery STS-116. STS significa “Space Transportation System” o “Sistema de Transporte Espacial”. El número 116 es un correlativo. Nuestro grupo apoyó a los expertos para seleccionar un buen lugar para observarlo y ellos trajeron equipo especial que tardaron bastante tiempo en armar. Sin embargo, minutos antes de iniciar el descenso, la NASA cambió la ruta y ya no pasó por Guatemala. Los NASA boys desarmaron los equipos con una calma increíble e iniciaron el regreso a casa. “Así son estas cosas”, dijeron. Aunque nos sentíamos frustrados, fue toda una experiencia conocerlos y ver sus equipos.

Pero no todo ha sido frustraciones. El 21 de septiembre de ese mismo año, ocurrió el descenso de la misión Atlantis STS-115, que pasaría sobre el país a las 5:03 de la mañana. Esa madrugada estaba fría y lloviznando. Quizá por eso ninguno del grupo quiso salir. Yo presentía que era una oportunidad única y decidí salir a verlo. En un acto de entusiasmo más imprudencia, le dije a mis hijos, Juan Carlos (16) y Rodrigo (14), que me acompañaran, pues era algo que valdría la pena ver.

Salimos pasadas las 4 horas, y nos dirigimos a Escuintla, pensando llegar a un lugar de la autopista con buena visibilidad. Si el cielo lo permitía, allí deberíamos verlo. Era peligroso parar a esa hora, así que no me detuve hasta que fueron las 5 en punto, lo cual sucedió cuando íbamos por el kilómetro 54. Estacioné el carro, bajamos y señalé el oeste. “En este lado deberíamos verlo”, les apunté.

Quizá usted no lo va a creer, pero a los pocos minutos apareció entre las nubes una bola de fuego blanco, brillante, moviéndose a gran velocidad y dejando tras de sí una estela igualmente blanca. Pensé en plasma. Su paso duró unos 10 segundos quedando solo la estela, desvaneciéndose en 2 ó 3 minutos. Todo ocurrió en silencio. No hubo boom sónico. El silencio lo rompió ese -“¡Qué chilero!”- de mis hijos.

Rápidamente nos metimos al carro y nos fuimos de regreso a casa. Fueron 10 segundos que estoy seguro nunca olvidaremos. Posteriormente supe que Ingrid Zapata lo fotografió desde Totonicapán y Jorge Solano desde la capital al mismo tiempo, confirmando así nuestra observación. Los astronautas aterrizaron sanos y salvos en la Florida, 19 minutos después.

SOÑANDO CON MARCIANOS

La misión Phoenix ya está en Marte. Luego de una maniobra muy arriesgada logró un aterrizaje perfecto. Ya ha probado sus instrumentos para ver si todo está funcionando bien y aunque tuvo algunos problemas han sido superados. La nave tiene un brazo robótico que puede excavar el terreno a varios centímetros de profundidad y tomar muestras. Esta misión es importante porque es la primera vez que se ha logrado aterrizar en el Polo Norte marciano, es decir, sobre los antiquísimos hielos del planeta rojo. El hielo es agua y donde hay agua puede haber vida. Esta es la mejor oportunidad que se ha tenido en 50 años de exploración espacial de descubrir si hay vida en otro planeta. Pero tampoco nos engañemos. Nadie espera ver osos polares o focas marcianas, pero ¿qué pasaría si la Phoenix encuentra un mundo de bacterias atrapadas en el hielo? Las bacterias son seres vivos, son señales inequívocas de vida, ya sea que se encuentren vivas, muertas o en estado de hibernación. Si esto llegara a suceder, los microbiólogos saltarían de sus sillas, ansiosos por estudiarlas, querrían saber si son procariotas o eucariotas, conocer su estructura intracelular y extracelular. Los químicos estarían ansiosos por analizar sus ciclos biogeoquímicos, su estructura molecular y sus reacciones con el ambiente. Los patólogos se preocuparían por saber si son infecciosas. Los ingenieros industriales levantarían la ceja preguntándose si pueden aplicarse a procesos industriales aquí en la Tierra. Todos nos preguntaríamos si esas bacterias evolucionaron a seres superiores o qué hicieron todo este tiempo. Sería inevitable preguntarnos si hay alguna relación entre ellas y nosotros. ¿Podríamos ser sus descendientes lejanos? Este descubrimiento también abriría la puerta para que existan seres en otros planetas. Me pregunto cómo afectaría este descubrimiento a las religiones. La Biblia no menciona que hay otros seres en las estrellas. ¿Serían ellos nuestros hermanos celestes? Si Dios hizo el hombre a su imagen y semejanza, ¿los seres de otros mundos serían parecidos a nosotros? De unas pequeñas bacterias podrían derivarse miles de preguntas y cuestionamientos. Incluso en el caso de que no encuentre nada, porque si en el hielo no hay nada ¿significaría eso que estamos solos en el universo? ¿que somos algo único en el cosmos? ¿podríamos creernos los seres más evolucionados de las estrellas aunque en el patio trasero escondamos guerras, matanzas, genocidios y crímenes? Los resultados de esta misión serán trascendentales. La NASA dice que estarán listos en 90 días, lo cual quiere decir que para finales de Agosto sabremos si compartimos el universo con alguien o algo, o si necesitamos seguir buscando la respuesta. En cualquier caso, tengo la esperanza de que la Phoenix ayude a despejar las incógnitas que he tenido desde que tenía 13 años: ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? y ¿por qué estamos aquí?

LOCURA ESTELAR

Cualquiera pensaría que estoy loco. Estoy tirado en la arena, viendo para arriba. Sólo, a medianoche, en una playa de la costa sur guatemalteca. ¿Qué estoy haciendo aquí? Podría estar durmiendo, como miles de personas normales. Pero no. Estoy acostado, contemplando las estrellas. Miles y miles de estrellas regadas por todo el firmamento, parpadeando en silencio en la oscuridad de la noche. Al fondo, se escucha el sonido del mar, como si fuera la respiración del planeta, acompañándome en esta observación. Las constelaciones se pierden entre tantas estrellas, es difícil verlas bien. Pensar que están tan lejos… Que son soles que podrían tener planetas… Que los planetas podrían tener seres viviendo allí... Dirijo la vista hacia las tres estrellas de Orión, notorias porque forman una línea diagonal que llama la atención. Muchos las conocen como las Tres Marías, pero sus verdaderos nombres son: Alnitak, Alnilam y Mintaka. Forman lo que se llama El cinturón de Orión. Sus nombres son árabes y significan “la faja”, “el hilo de perlas” y “el cinturón” respectivamente. Están situadas a 1,500 años luz de la Tierra, así que lo que veo ahora es en realidad las imágenes de cómo eran alrededor del año 500 DC. En esa época los mayas estaban estrenando Tikal, la primera gran ciudad, que tuvo más de 500,000 habitantes. Volviendo a las estrellas, bien podría haber explotado hoy alguna de ellas, que nos enteraríamos hasta dentro de 15 siglos, porque el flashazo viajaría en el espacio todo ese tiempo antes de llegar aquí. El cielo nocturno es como una máquina del tiempo, entre más lejos el objeto, más nos adentramos en el pasado. Orión es conocido también como El Cazador, las estrellas Betelgeuse y Bellatrix forman sus hombros, Meissa su cabeza, Saiph y Rigel sus piernas. El Cazador reina en medio del cielo el 14 de diciembre, sin importan qué año sea. Lo veo con asombro, hasta con admiración. Colgando del cinturón lleva su espada. En ella guarda un maravilloso secreto: La Nebulosa de Orión, la aureola más bella que jamás se haya visto. Parece una orquídea con estrellas en el centro. Son estrellas que nacieron allí, que apenas tienen 1 millón de años, estrellas-bebés, atrapadas en un momento del tiempo para que las podamos ver. Fue en esta nebulosa donde se descubrió cómo nacían las estrellas, a partir de enormes nubes de hidrógeno, condensándose, friccionándose, amasándose, gracias a la fuerza de gravedad, hasta alcanzar la masa crítica que logra la fusión nuclear para encenderla. Volteo a ver para todos lados a ver si no viene alguien, porque da algo de miedito estar solo y debo irme, (hoy día no se lo recomiendo a nadie, a menos que esté en un lugar seguro), pero en compensación puedo decir que estar bajo las estrellas, ante aquella inmensidad, es sentir una rara emoción, es sentirse infinitamente pequeño, infinitamente humilde ante la grandeza de su estructura.

SI NO HUBIERA LUNA

La luna llena de abril acaba de salir. Grande y majestuosa, se asoma por el Este. Parece más una pintura que un objeto real. No puedo evitar quedármele viendo mientras espero que cambie el rojo del semáforo. Su belleza es impresionante, el gran círculo blanco-amarillento resplandeciendo en la penumbra. Tiene algo de magia.
Me pregunto – “¿Qué pasaría si no hubiera Luna?”, no habría lunadas, ni romanticismo, Paco Pérez nunca hubiera compuesto “Luna de Xelajú”, ni Julio Verne hubiera escrito “De la Tierra a la Luna”. No existirían innumerables poemas, canciones ni las clásicas “Claro de Luna” de Beethoven y “Claro de Luna” de Debussy. Nadie tendría recuerdos de la luna sobre el mar.
No habría eclipses. Nunca habríamos estado bajo la sombra del eclipse de 1991, ni habríamos visto brillar las estrellas en pleno día. No existirían las semanas, período inventado por el cambio de las fases lunares. El presidente Kennedy no habría tenido una meta en 1961 y Neil Armstrong sería un desconocido. Países como Israel, Etiopía, China y los países árabes no tendrían un calendario lunar.
Pero lo peor viene ahora, sin luna no habría mareas, el agua de los mares permanecería pareja todo el año, apenas perturbada por la influencia del sol. Como consecuencia, la rotación de la Tierra sería más rápida, ya que no habría nada que la frenara, como ocurre hoy con el movimiento del agua contra el fondo del océano. Al rotar más rápido, los vientos serían más fuertes, como sucede en Júpiter, donde alcanzan hasta 300 kilómetros por hora.
Los vientos más fuertes producirían olas mayores, haciendo la navegación imposible. No habría montañas muy altas, porque la erosión sería demasiado intensa. El viento arrastraría arena, rocas y piedras por centenares de kilómetros. La vida animal sería diferente. Sólo aquellos con corazas fuertes podrían sobrevivir al ambiente. La respiración sería dificultosa debido al viento.
La falta de mareas haría que la vida que surgió del mar no se esparciera tan eficientemente sobre la Tierra. Muchos seres morirían antes de desarrollarse. Las criaturas marinas quedarían a merced de las aves que se alimentarían de ellas, compitiendo ferozmente por su presa. Los árboles serían pequeños y gruesos, con raíces fuertes para aferrarse a la tierra y evitar ser arrancados. No existiría fauna en sus copas. Simplemente no podrían tener la estabilidad necesaria para vivir. Buscarían refugios subterráneos para protegerse.
Sería un mundo muy distinto al que conocemos. Oscuro e inhóspito. La caza, el apareamiento, la protección contra los depredadores y otras actividades nocturnas tendrían que hacerse sin luz de la luna. ¿Existirían humanos? si, pero con habilidades, intereses y características distintas. Los oídos, por ejemplo estarían muy desarrollados.
El semáforo da verde y yo continúo mi camino, concluyendo que estamos relacionados con la luna, si ésta no existiera, nosotros tampoco.

AGUJEROS NEGROS

Estaba parado frente a los niños, dando una charla de astronomía. Tal como la maestra me había advertido, no hablé de cosas complicadas porque se trataba de niños pequeños, de 9 a 10 años de edad. Me limité a hablar del sol y los planetas, a mostrarles fotos muy bonitas y cerré el tema diciendo, “¿alguien tiene una pregunta?”, a lo que contestaron, “sí, ¡háblenos de los agujeros negros!”. Quedé sorprendido al ver cómo unos niños pequeños a los que no había que hablarles de cosas complicadas resultaban fascinados por algo tan complejo como un agujero negro. Desde esa vez he notado que la fascinación no sólo es de los niños, sino de todas las edades. Quizá se deba a que son objetos misteriosos y peligrosos, por lo tanto, emocionantes. En realidad, los agujeros negros son una de las cosas más pavorosas del Universo. Se forman cuando una estrella masiva muere. Pero debe ser una estrella que tenga por lo menos 10 veces la masa del Sol. Cuando agota todo su combustible, la estrella se colapsa sobre sí misma y sus paredes caen hacia adentro sin que la presión interna logre equilibrarla, iniciando así un trastorno gravitacional imparable. A nivel atómico, los electrones ya no pueden mantener sus distancias y se pegan a los núcleos. Los neutrones se aplastan unos contra otros, degenerando la materia. Esto a su vez ocasiona que la densidad se vuelva tan alta que curva el espacio formando un hoyo donde todo lo que penetra no puede salir. La enorme fuerza gravitacional no permite que salga ni siquiera la luz, que viaja a 300,000 km. por segundo. Los agujeros negros son tan extraños que al principio se pensó que eran modelos matemáticos sin sentido. Objetos que sólo podían existir en el papel, pero jamás en la realidad. Hasta que el Telescopio Espacial Hubble fotografió el primero en 1994. Costó mucho trabajo lograrlo, porque como son negros no se ven en el espacio. Es como tratar de localizar un gato negro en un cuarto oscuro. Pero se les puede detectar por la materia que se forma a su alrededor, ya que esa materia produce rayos X en grandes cantidades. Esto se debe a que millones de kilogramos de masa están friccionándose y calentándose en el terrible apretujamiento que se forma camino a la garganta del agujero. Piense en un montón de gente entrando a la fuerza en un microbús. Los agujeros negros son capaces de tragar estrellas enteras, nubes de gas y planetas completos. Lo que fotografió el Hubble se llama el disco de acreción, signo inequívoco de un agujero negro. Nunca se acerque a uno, porque le pasará lo que se llama “espaguetización”, es decir, su cuerpo será estirado como un espagueti. En segundos sus pies quedarán a kilómetros de su cabeza. En otras palabras será deshilachado. Afortunadamente, el más cercano está a 1,500 años luz, una distancia segura para que no nos chupe. Por favor, no me pregunte a donde va a parar todo lo que se traga, porque nadie lo sabe.

LA GRAN ILUSIÓN ÓPTICA.

Todos los días lo vemos salir. Detrás de las montañas o el borde del mar, se anuncia con sus rayos en el Este. Si hay nubes, ilumina sus bordes, si está despejado, enciende el azul del cielo. Es el Sol, despuntando en la mañana. Los que vamos al trabajo lo vislumbramos a través de los árboles o edificios para ver si está muy alto, ya que eso significa que vamos tarde. Conforme las horas pasan, se eleva hasta colocarse en el meridiano, la línea imaginaria que marca su máximo. Luego empieza a bajar hasta ocultarse tras las montañas o el mar en el Oeste. Si no fuera por lo que aprendí en mi clase de ciencias, yo juraría que el Sol gira alrededor de la Tierra. Se nota a simple vista. Pero las apariencias engañan y la realidad demuestra que no es así. Hoy sabemos que los planetas giran en torno al sol y que la Tierra gira sobre su eje, de oeste a este, causando la ilusión de que el sol se levanta y se oculta. Pero ¿cómo descubrieron eso? ¿Fue el primer astronauta quien lo dijo? No. Esto se supo gracias a dos brillantes astrónomos: Copérnico y Galileo. El primero se dedicó años a tomar nota (1535) de las posiciones del sol, la luna, los eclipses y los planetas. Sus observaciones a simple vista le dijeron que no era cierto lo que decía la teoría geocéntrica, que postulaba que la Tierra era el centro del universo y a su alrededor giraban el sol y los planetas- y lo describió en su obra “De revolutionibus Orbium Celestium”, que se publicó -a propósito-, el día de su muerte, 24 de mayo de 1543, por temor a represalias. Luego apareció Galileo, en Italia. En 1609 el telescopio se consideraba tecnología de militar para divisar barcos que venían a lo lejos. Pero a este científico se le ocurrió dirigirlo hacia el cielo y ver de cerca los planetas. Para su sorpresa, descubrió que Júpiter tenía satélites que giraban a su alrededor. Esto le demostró que no todos los astros giraban alrededor de la Tierra, por tanto, la teoría geocéntrica estaba equivocada. Aún así, se necesitaba valor para contradecirla, pues ya había sido aceptada por la Iglesia Católica y rebatirla significaba arriesgarse a tener problemas con la Inquisición. Sin embargo, Galileo escribió y divulgó sus observaciones. Le dio prioridad a la ciencia sobre sus intereses personales. Pero sucedió lo inevitable. Fue apresado, obligado a retractarse públicamente de sus escritos y puesto bajo arresto domiciliario el resto de su vida. Murió en 1642, triste por no poder decir la verdad. Pero el tiempo le daría la razón. En 1992, el Papa Juan Pablo II reconoció públicamente que Galileo estaba en lo correcto, expresando consternación por la forma como fue tratado por la iglesia. Ahora le toca a usted, estimado lector: cuando vea el sol levantándose en el cielo, recuerde que es la Tierra la que gira y no caiga víctima de esta gran ilusión óptica. Eso es lo que querría Galileo.

EL PROBLEMA DE PLUTON

Sofía estaba preocupada. Tenía una tarea que entregar: una maqueta del Sistema Solar. Lo que le preocupaba no era hacerla sino que había escuchado que Plutón ya no es un planeta, sin embargo, en su libro de texto decía que es el noveno planeta del sistema solar. ¿Cómo resolver este dilema? Como lo resuelven los niños de 10 años: preguntándole a mamá o a papá. Pero resulta que el tema es tan reciente que hay padres que no saben que Plutón dejó de ser planeta y otros que sí lo saben pero no pueden explicar porqué. La explicación no es fácil.
Plutón dejó de ser considerado como planeta en agosto de 2007, cuando la UAI (Unión Astronómica Internacional), organismo regente de la astronomía mundial, determinó en su 26ª. Asamblea realizada en Praga, República Checa, que no cumplía los requisitos de la nueva definición de planeta. De acuerdo a los 2500 astrónomos que se reunieron a discutir el tema, --entre ellos el guatemalteco Eduardo Rubio, a quien agradezco gran parte de esta información-- un planeta tiene debe (1) Girar alrededor de una estrella. El Sol es una estrella y Plutón gira alrededor de él, por tanto sí cumple. (2) Ser suficientemente masivo para que su gravedad lo lleve a un equilibrio hidrostático con forma aproximadamente esférica. En otras palabras, ser macizo y redondito, lo cumple. (3) Ser el objeto más masivo en su órbita y que en ésta no se crucen objetos mayores. No lo cumple. La órbita de Plutón se traslapa con la de Neptuno y la diferencia de masas entre ambos planetas es enorme. Es como comparar una bola de billar contra un grano de maíz. De hecho, la órbita de Plutón está influenciada por la presencia de Neptuno, por lo que se reclasificó con el desagradable y confuso nombre de “planeta enano”. Naturalmente, este acto generó tremenda polémica. Los simpatizantes de Clyde Tombaught, descubridor de Plutón en 1930, (ya fallecido), se sintieron ofendidos, humillados y protestaron airadamente pero no lograron nada. Algunos norteamericanos dijeron que fue una jugada política para quitarles el único planeta que habían descubierto (Urano fue descubierto por el inglés William Herschel, Neptuno por el inglés John Adams y el francés Jean Le Verrier y los demás por los griegos y romanos).
Pero, ¿cómo explicarle esto a una niña de 10 años? Sorprendentemente, los niños de hoy entienden muy bien que los descubrimientos van más rápido que los libros. Las computadoras, el internet, la tecnología hacen que los cambios ocurran a diario en muchas áreas del conocimiento humano. Al explicarle a Sofía que Plutón no cumplía las reglas para ser un planeta, decidió no ponerlo en su maqueta. Presentó los 8 planetas del Sistema Solar como son: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Al preguntarle cómo le fue, me dijo que su maestra le puso 100. Con suerte, los libros estarán actualizados el año entrante.