martes, 9 de junio de 2009

AGUJEROS NEGROS

Estaba parado frente a los niños, dando una charla de astronomía. Tal como la maestra me había advertido, no hablé de cosas complicadas porque se trataba de niños pequeños, de 9 a 10 años de edad. Me limité a hablar del sol y los planetas, a mostrarles fotos muy bonitas y cerré el tema diciendo, “¿alguien tiene una pregunta?”, a lo que contestaron, “sí, ¡háblenos de los agujeros negros!”. Quedé sorprendido al ver cómo unos niños pequeños a los que no había que hablarles de cosas complicadas resultaban fascinados por algo tan complejo como un agujero negro. Desde esa vez he notado que la fascinación no sólo es de los niños, sino de todas las edades. Quizá se deba a que son objetos misteriosos y peligrosos, por lo tanto, emocionantes. En realidad, los agujeros negros son una de las cosas más pavorosas del Universo. Se forman cuando una estrella masiva muere. Pero debe ser una estrella que tenga por lo menos 10 veces la masa del Sol. Cuando agota todo su combustible, la estrella se colapsa sobre sí misma y sus paredes caen hacia adentro sin que la presión interna logre equilibrarla, iniciando así un trastorno gravitacional imparable. A nivel atómico, los electrones ya no pueden mantener sus distancias y se pegan a los núcleos. Los neutrones se aplastan unos contra otros, degenerando la materia. Esto a su vez ocasiona que la densidad se vuelva tan alta que curva el espacio formando un hoyo donde todo lo que penetra no puede salir. La enorme fuerza gravitacional no permite que salga ni siquiera la luz, que viaja a 300,000 km. por segundo. Los agujeros negros son tan extraños que al principio se pensó que eran modelos matemáticos sin sentido. Objetos que sólo podían existir en el papel, pero jamás en la realidad. Hasta que el Telescopio Espacial Hubble fotografió el primero en 1994. Costó mucho trabajo lograrlo, porque como son negros no se ven en el espacio. Es como tratar de localizar un gato negro en un cuarto oscuro. Pero se les puede detectar por la materia que se forma a su alrededor, ya que esa materia produce rayos X en grandes cantidades. Esto se debe a que millones de kilogramos de masa están friccionándose y calentándose en el terrible apretujamiento que se forma camino a la garganta del agujero. Piense en un montón de gente entrando a la fuerza en un microbús. Los agujeros negros son capaces de tragar estrellas enteras, nubes de gas y planetas completos. Lo que fotografió el Hubble se llama el disco de acreción, signo inequívoco de un agujero negro. Nunca se acerque a uno, porque le pasará lo que se llama “espaguetización”, es decir, su cuerpo será estirado como un espagueti. En segundos sus pies quedarán a kilómetros de su cabeza. En otras palabras será deshilachado. Afortunadamente, el más cercano está a 1,500 años luz, una distancia segura para que no nos chupe. Por favor, no me pregunte a donde va a parar todo lo que se traga, porque nadie lo sabe.

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